Cómo cultivar marihuana en exterior para conseguir una mayor producción

· Cultivo marihuana

Si cultivamos a la intemperie puede que haya muchos factores que escapen a nuestro control, pero debemos tener muy en cuenta otros en los que sí que podamos influir. Aspectos como la elección de la ubicación de la plantación para garantizar muchas horas de luz solar, la preparación de un sustrato perfecto o la selección de las variedades de cannabis más adecuadas, dependen de nosotros. Si queremos aumentar la producción de nuestras plantas de marihuana, tendremos que cuidar estos factores y seguir meticulosamente los procesos.

Cómo cultivar marihuana en exterior para conseguir una mayor producción

Pese a que no suele ser lo más habitual en los países donde existen grandes diferencias entre las estaciones del año, existen otros muchos lugares del planeta donde sí es común que los cannabicultores apuesten por el cultivo en exterior. Es factible en rincones donde existe una climatología adecuada y estable a lo largo del año, y donde no suelen producirse cambios excesivamente bruscos que puedan poner en riesgo la cosecha.

Si bien son muchos los que tienden a pensar que en un cultivo ‘indoor’ las posibilidades de éxito son mayores, ya que podemos actuar sobre cada pequeño cambio en la humedad o temperatura, al contrario de lo que pueda parecer en un entorno a la intemperie podemos tener controlados e influir en multitud de factores, para que nuestras plantas alcancen unos rendimientos extraordinarios. 

Las premisas más importantes: la selección de las variedades más apropiadas para nuestra zona, el clima de nuestra región, las características del sustrato (ya sea en pleno suelo o en macetas) y el momento idóneo del año en el que realizar cada uno de los procesos del desarrollo del cannabis. Así que vamos a repasar todos estos detalles, para así obtener el mejor resultado posible.

Elegir las variedades correctas

Como bien saben muchos cultivadores con experiencia, no todo vale a la hora de plantar cannabis. Y el primer paso es fundamental. De ahí que tengamos que poner especial atención en la selección de las variedades que van a crecer. En esta decisión influirá, por ejemplo, el clima en el que se vaya a desarrollar nuestro cultivo, lo cual será fundamental para optar por unas semillas u otras. 

Por ejemplo, si sabemos que las lluvias llegarán en distintos momentos del año, como pueda ser a comienzos de otoño, tendremos que cultivar aquellas genéticas que nos permitan realizar la cosecha antes de que lleguen los aguaceros. Para ello, existen variedades que permiten adelantar ciertos procesos para así evitar los problemas que entraña la llegada de las lluvias, como puedan ser los hongos que pueden darnos algún que otro quebradero de cabeza. En caso de que vivamos en una región donde las lluvias sean abundantes a lo largo de todo el año, entonces tendremos que apostar por aquellas genéticas que mejor resistan a la humedad.

 

El contexto climático y la luz del Sol

Como ya hemos apuntado, el clima es el factor clave a la hora de determinar las genéticas que vamos a cultivar. Pero no solamente en base a las probabilidades que existen de que llueva o no, sino también en función a las horas de luz solar de las que puedan disponer nuestras plantas. Es por todos sabido que sin la luz del astro rey la mayoría de las plantas no pueden vivir, por lo que para que nuestras cepas crezcan sanas y fuertes tendremos que garantizarles el sol durante el mayor tiempo posible.

Aquí influye el hecho de decantarnos por cultivar en macetas o directamente en suelo. Si apostamos por esta última opción tendremos que acertar de pleno a la hora de elegir un sitio donde la luz del sol impacte durante cuántas más horas mejor, porque al contrario de lo que ocurre con las macetas no podremos mover nuestras plantas en busca de mejor luminosidad.

Además, tenemos que tener siempre en cuenta que un lugar soleado reduce el riesgo de que se produzcan humedades en caso de que se produzcan lluvias puntuales. Y si a la hora de elegir la localización de nuestras plantas encontramos un lugar donde sople ligeramente el viento, sin demasiada violencia puesto podría romper las ramas de nuestras plantas, garantizaremos a las cepas una mejor ventilación y ellas nos obsequiarán con una cosecha mucho más abundante.

El sustrato: una mezcla perfecta

Ya sea en maceta o directamente en el terreno, si no disponemos del mejor sustrato para que crezcan nuestras plantas de cannabis podremos encontrarnos con ciertos problemas en una u otra fase del cultivo. En caso de que cultivemos directamente en el suelo, tendremos que conocer bien las características del mismo. Si la tierra es demasiado arcillosa, muy compacta y no es permeable, ocurrirá que las raíces se acabarán comprimiendo y tendremos problemas con el sistema radicular. Por esto, si la base no es lo suficientemente esponjosa, tendremos que ingeniárnoslas para conseguir que sea así y las raíces puedan crecer más rápido.

La composición del sustrato más adecuado para estos casos es una mezcla de distintas turbas (que incorpore negra, de jardín y rubia), junto con perlita, fibra de coco y humus de lombriz. No obstante, existen multitud de variantes a la hora de crear el sustrato, pues podemos recurrir a ciertos abonos o aditivos, siempre que así consigamos que las plantas no tengan ningún tipo de necesidad desde el primer momento de su crecimiento.

 

Cumplir los plazos

Como ocurre con muchas especies vegetales agrícolas, tendremos que cumplir meticulosamente con los plazos determinados para realizar los distintos procesos que implica el cultivo de marihuana. Aquí influye la latitud a la que nos encontremos, pues en función de la misma tendremos que sembrar en un mes u otro del año y ahí comienza todo. En el caso de España, por ejemplo, lo ideal es empezar a germinar en marzo y abril, en el momento en que dejamos atrás el frío invierno para adentrarnos en la primavera.

De ser así, en mayo tendremos que realizar el trasplante a una maceta mayor o a pleno suelo, pues es conveniente que los primeros estadios de crecimiento de las plantas se den en maceta (para así tener controlados cuantos más factores mejor). Más tarde, en verano, las variedades más tempranas comenzarán a florecer para, por fin, en cuanto llegue el otoño podamos recolectar los cogollos. Siempre teniendo en cuenta que estamos utilizando variedades regulares o feminizadas, pues las plantas autoflorecientes son independientes del fotoperiodo y pueden cultivarse en cualquier momento, siempre que la climatología lo permita.

La premisa fundamental durante todos los meses de cultivo es que, maś allá de la genética y de los productos que utilicemos para nutrir a nuestra planta, su producción dependerá fundamentalmente de su tamaño y su forma, factores que podemos controlar mediante, por ejemplo, distintos tipos de podas y la utilización de tutores o mallas de sujecciónPor ello, el objetivo debe ser claro en el cultivo en exterior: conseguir plantas con una estructura amplia, robusta, con mucha ramificación pero consistente, porque así conseguiremos una producción muy alta. Y no olvidemos que, al fin y al cabo, esa es nuestra meta.

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