Cultivo de guerrilla: cómo plantar marihuana en plena madre naturaleza

· Cultivo marihuana

Iniciar un cultivo de cannabis dentro de casa o en el jardín no está al alcance de todos, por lo que muchos cultivadores optan por una tercera vía, la de lanzarse al monte o al bosque a plantar. Escogiendo el lugar más adecuado y siendo precavidos, esta opción puede ser tan válida como cualquiera, incluso requiere de menos cuidados que los cultivos corrientes. Os explicamos los trucos para obtener una cosecha exitosa dentro de un entorno silvestre.

Cultivo de guerrilla: cómo plantar marihuana en plena madre naturaleza

El llamado cultivo de guerrilla es aquel que se realiza en plena madre naturaleza, es decir, escondido por el campo. Son muchos los años de experiencia y las historias en torno a este tipo de plantación, que aunque no lo parezca tiene bastantes ventajas y algunos riesgos que conviene tener controlados. Se trata de un método que apenas requiere mantenimiento, ya que las plantas crecerán en un entorno silvestre sin demasiada ayuda del hombre. Por ello, la clave de su éxito radica en escoger el lugar adecuado y acondicionarlo para evitar sustos. Hecho esto, el partido va estar decidido casi en los primeros minutos.

Una localización inteligente

La primera tarea, y seguramente la más importante, es rastrear la zona elegida para el cultivo de guerrilla con el fin de dar con el sitio más apropiado para la plantación, y para ello se deben sopesar varios factores clave.  

Para empezar, hay que dar con el lugar más discreto que podamos encontrar, ya que cualquier mirada ajena puede arruinar nuestra misión cannábica. Tiene que estar lejos de núcleos de población, pero también de lugares transitados por personas. Como Frodo en ‘El señor de los anillos’, aléjate de los caminos y de cualquier zona bonita transitada por excursionistas. 

Los animales son un claro peligro; es importante observar que no haya ningún camino en la hierba marcado por especies que podrían pisotear nuestras plantas o quitarlas de en medio. Como medida extra no está de más camuflar y proteger un poco la zona de cultivo, por ejemplo cercándola con palos o zarzas y sin taparla, pues necesitará de la energía solar para desarrollarse. Hay quién utiliza también repelentes de animales, aunque un truco que no suele fallar es marcar la zona con un poco de orina. 

Los factores naturales también van a determinar el éxito o fracaso de nuestro cultivo. Si nos tiramos al monte, es mejor no plantar por encima de los 800 metros de altura, y orientar siempre las plantas hacia el sur-este. Esto último permitirá a la planta absorber mejor la luz del sol, especialmente cuando amanece, eliminando así el rocio mañanero y evitando la aparición de hongos. 

También hay que tener en cuenta el aire y el agua. Es fundamental evitar zonas muy a la intemperie, donde sople fuerte el viento, ya que esto puede deshidratar nuestras plantas o llevar el olor a un lugar donde levante las sospechas de curiosos y la atracción de animales. El agua conviene tenerla cerca, ya sea un riachuelo o una fuente: si toca regar la planta, cuanto más cerca tengamos el agua mejor, para no andar por el bosque cargando bidones de forma sospechosa. Cuidado con plantar en el lecho del río, que en verano un torrencial (típicos del clima mediterráneo) puede arrasar con el cultivo en menos que canta un gallo.

Cómo mantener un cultivo guerrillero

Si no queremos complicarnos la vida demasiado, lo mejor será escoger una variedad de marihuana resistente (Skunk, White Widow o Nothern Lights pueden encajar bien) y que sea feminizada, para no estar quitando los machos más tarde. Elegir unas semillas autoflorecientes también es una buena idea, ya que podrán florecer independientemente del fotoperiodo natural, sus periodos de cultivo serán más cortos y resistirán mejor las condiciones exteriores. Esto también ayuda a despistar a los buscadores de tesoros cannábicos, que salen en otoño a robar cultivos de guerrilla cuando las plantas están a punto de caramelo.

La primavera es la estación idónea para salir a montar nuestra plantación guerrillera. Antes debemos haber germinado las semillas en casa y dejar un pequeño periodo de crecimiento, para evitar insectos y depredadores durante la etapa más vulnerable del crecimiento de la planta. Cavaremos un agujero de 40 cm en nuestro escondite y añadiremos la plántula con sustrato, compost y fertilizantes. Muchos cultivadores tienden luego a cubrir un poco la base de la planta con paja u otras plantas, con el fin de mantener la humedad y proteger el sustrato. Si el suelo escogido no es el más adecuado, con añadir un poco de turba o fibra de coco facilitaremos las cosas a la planta. Pero por lo general, no hay mejor sustrato que la propia tierra en plena naturaleza.

Una vez la planta esté en su lugar, como antes explicábamos, podemos valernos de pesticidas, repelentes, obstáculos, mallas… para asegurarnos de que el cultivo está bien protegido. Hay quien extrema la precaución hasta el punto de instalar cámaras de vigilancia o de caza para monitorear el estado de salud en todo momento de la planta. Es cierto que aquí muchas veces solo depende del factor suerte, ya que nunca vamos a estar seguros al cien por cien en medio del campo. Pero establecer un buen cerco y un camuflaje efectivo nos va a ahorrar mucha inseguridad y va a reducir las posibilidades de susto al mínimo. 

Después solo habrá que dejar a la planta crecer, y podremos observar cómo la madre naturaleza hace maravillas. Con acercarse a la plantación cada 10 días bastará, sobre todo si no ha llovido en ese periodo, ya que la planta requerirá de riego. Ir al escondite con demasiada frecuencia es arriesgarse a ser detectado; por eso, ten preparada una coartada si alguien te pregunta (lleva contigo unos prismáticos o algún elemento deportivo para disimular). Otro consejo es tomar caminos distintos cada vez: si nos acercamos con el coche, no hemos de dejarlo nunca en el mismo lugar, o intentar cubrir las huellas en la tierra una vez estemos de regreso. 

Quizás en verano hay que estar más encima de la planta, por la falta de agua, pero también en otroño hay que estar atento al exceso de humedad, que puede hacer que las plantas se pudran. Sacude la planta en las últimas visitas para que no retengan la humedad de la lluvia. Es importante también observar el aspecto de la planta con el fin de detectar si sufre alguna carencia de nutrientes y necesita por lo tanto nitrógeno, potasio o fósforo, que suelen ser las faltas más habituales y también las más sencillas de solventar con un buen riego rico en nutrientes.

Si no ha habido complicaciones, tu última visita será tan solo para recoger los frutos de tu cosecha de guerrilla. Para esto lo mejor es escoger una hora sin mucho tránsito de personas, a primera hora de la mañana o entre semana. Lleva contigo un contenedor grande y con un buen cierre para evitar olores fuertes a la vuelta. Este va a ser uno de los momentos más expuestos del cultivo, por lo que no te demores mucho en cortar las ramas. 

Si todo ha salido bien seguramente te habrás curtido de forma excelente en el cultivo de guerrilla, y estarás listo para repetir al año que viene. Sin duda, es un método de cultivo idóneo para quienes aman las emociones fuertes.


El post Cultivo de guerrilla: cómo plantar marihuana en plena madre naturaleza forma parte de nuestros consejos prácticos para el cultivo de marihuana

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