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Guía básica para germinar semillas de marihuana

· Cultivo marihuana

La germinación es clave para comenzar nuestro cultivo de marihuana con buen pie. Por eso, cualquier cannabicultor que se precie debe conocer todo sobre este proceso: desde las condiciones y los medios óptimos para que la semilla germine hasta los primeros cuidados de la plántula. Así descubrirás que, más allá de coger tu semilla de marihuana y meterla en agua o en la tierra, hay una serie de pasos que debes tener en cuenta si quieres que tus plantas crezcan fuertes y sanas.

Guía básica para germinar semillas de marihuana

Decía Platón que el comienzo es la parte más importante de la obra. Una máxima que, sin duda, se puede aplicar a muchos aspectos de la vida y, por supuesto, también al cannabis. Por ello, iniciar nuestro cultivo de la mejor de las maneras será fundamental para que triunfe. Esto supone prestar especial atención a la germinación de las semillas de marihuana. Aunque en un primer momento nos parezca algo muy sencillo, este proceso necesita de unas cuantas pautas para que cosechar con éxito.

Además, existen diferentes métodos con los que nuestras semillas de marihuana pueden germinar. Te contamos los más adecuados a cada situación y cómo llevarlos a buen término fácilmente. Todo ello conlleva prestar atención; sin embargo, si seguimos las indicaciones con sumo cuidado, no encontraremos dificultades para que nuestras plantas comiencen a ver la luz.

Condiciones para la germinación

Antes de nada es importante saber qué ocurre para que las semillas germinen y así entender mucho mejor el proceso que vamos a llevar a cabo. Para activar el proceso debemos poner en contacto la semilla con agua. El líquido entra en su interior hasta llegar al embrión. Entonces, las semillas se hinchan y aparece lo que se denomina germen, que con el paso de unos días se convertirá en lo que llamaremos plántula

Este pequeño brote es de gran sensibilidad, por lo será necesario tratarlo con cuidado. Incluso hay expertos que recomiendan no manipularlo hasta que no alcancen entre 5 y 10 milímetros. También, la propia semilla precisa de una manipulación cuidadosa, y hay que evitar no tocarla con las manos. Lo más recomendable es utilizar unas pinzas para cogerla.

Además, como ya hemos apuntado, en el proceso es clave el uso de agua. Ahora bien, hay que ser preciso con la cantidad, como veremos en cada método. No se puede abusar de ella ni del uso de fertilizantes o abonos. Creer que estas acelerarán el crecimiento es un error, e incluso no se recomienda su uso hasta pasadas las tres primeras semanas desde que la planta germine. Esto se debe a que el abuso de nutrientes podría quemar las plantas, tan débiles en estas primeras fases. 

En cuanto el agua, se puede utilizar la del grifo. Algunos cannabicultores, para asegurar que sus niveles son los correctos, le añaden unas gotas de agua oxigenada. Esta consigue aumentar la cantidad de oxígeno, además de eliminar hongos y bacterias que afecten en el proceso gracias a sus propiedades antifúngicas.

Además, habrá que prestar atención a la temperatura y a la humedad. Para ello, el ambiente ideal debe situarse entre los 20 y los 25 ºC, con unos porcentajes de humedad entre el 70 y el 100 %. Además, todo el proceso deberá realizarse preferiblemente en la oscuridad. Exponer la semilla a una fuente de luz directa podría ralentizar la germinación y solo estará permitido cuando comiencen a aparecer los cotiledones, es decir, las primeras hojas de la plántula.

Por último, hay que tener paciencia. No existe un periodo estándar a partir del cual las semillas empiecen a germinar. Eso sí, si haces todo correctamente pronto verás los brotes. Aun así, no desesperes si tarda un poco más de lo esperado.

Elegir el medio y conocer su paso a paso

Seguro que recuerdas el experimento que realizabas en el colegio con una haba. Consistía en meterla entre algodones humedecidos en un vaso de plástico y, al cabo de unos días (o incluso de una semana), conseguíamos que de la semilla salieran unos brotes. De igual modo se puede obtener de la marihuana. Este sencillo método solo precisa que compruebes de vez en cuando la humedad de los algodones y, una vez que salgan los cotiledones, transplantarlas a un lugar con más espacio para el cultivo.

También es posible utilizar dos servilletas, humedecerlas ligeramente y colocar la semilla entre ambas. Estas puedes colocarlas en un plato o en un recipiente hermético para garantizar los parámetros de calor y humedad óptimos. Incluso un vaso de agua es un buen lugar para que tus semillas germinen. Solo deberás dejarlas (mejor de una en una) en el vaso con agua a unos 20 º C y colocarlo en un lugar oscuro. Entre los 3 y los 5 días siguientes verás que la cáscara de la semilla se resquebrajará, lo que indicará que todo va por buen camino. Sin embargo, hasta que sus primeras hojas no alcancen mínimo los 5 milímetros no será momento de sacarlas a otro medio.

También hay quienes prefieren hacerlo directo en la tierra, al ser la técnica más beneficiosa para la planta, ya que no sufrirá con tantos cambios de hábitat. De este modo, la semilla germinará en el mismo lugar donde crecerá una vez que se convierta en planta. Además, es la técnica más recomendable para principiantes, al no precisar grandes atenciones. 

Ahora bien, para hacerlo correctamente se han de seguir unos pasos. Empezamos por remover la tierra hasta que quede lo más esponjosa posible; luego se humedecerá el sustrato (sin demasiada agua para evitar que la tierra quede compacta) y, a continuación, se introducirá y tapara la semilla en un pequeño agujero de más o menos un centímetro de profundidad. Eso sí, aquí tendremos que armarnos de paciencia, porque no se empezará a ver la plántula hasta después de 9 o 10 días.

Otras técnicas mucho más rápidas necesitan de material específico para esta primera fase. Es el caso de los semilleros ‘jiffys’ (o sacos de turba), la lana de roca o los tacos de propagación Root lt. Estos materiales son propicios tanto para la germinación como para el cultivo. Todos ellos debemos hidratarlos para la germinación: con unos 15 minutos en agua será suficiente.

Los escurrimos ligeramente e introducimos la semilla con la corona hacia arriba. En el caso de los sacos de turba deberás cubrir el agujero y, en todos ellos, dejarlos en un lugar cálido y húmedo. Con ellos, en solo 3 o 4 días la semilla habrá germinado.

También existen invernaderos pequeños conocidos como propagadores de semillas y esquejes que recrean el ambiente idóneo en su interior para el germinado. Con ellos no se precisan grandes cuidados. Tan solo se recomienda cerrar herméticamente los dos primeros días para favorecer la humedad y, a partir de entonces, ventilarlo de vez en cuando abriendo sus rejillas. Con estos aparatos podemos conseguir la plántula en unos 5 días.

Cuidados tras la germinación

Puede que hayamos conseguido que nuestras semillas germinen, pero no con el mejor resultado. En ocasiones, a los cotiledones les cuesta salir o la cáscara (o su fina membrana interior llamada cutícula) no se despega de ellos. En estos casos, deberemos echarles una mano. Para ello, con ayuda de unas pinzas, retiraremos la cáscara con suavidad para que los cotiledones se abran libres.

Así, cuando la plántula tenga el tamaño preciso, podremos trasplantarla al medio del cultivo. En él deberá haber luz, calor y humedad, lo cual favorecerá el crecimiento del follaje.

En cuanto a la alimentación con nutrientes, no deberás preocuparte los primeros días. Además, si la germinación ha sido en tierra, cuentan con nutrientes durante las dos primeras semanas. En caso de que no haya sido así, podrás añadirlos al cabo de una semana, siempre y cuando no veas que las hojas se oscurecen, lo cual indica que les falta alimento. 

A partir de aquí, continúa con el mismo mimo y cuidado con tu cultivo cannábico y, en menos de lo que imaginas, tendrás en tus manos unos buenos cogollos.


El post Guía básica para germinar semillas de marihuana forma parte de nuestros consejos prácticos para el cultivo de marihuana

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