Abonos, luces y acción: consejos para aumentar la producción de cannabis en interior

· Cultivo marihuana

Da igual que sea en un armario o en otro tipo de espacio, una o varias plantas: tener una buena cosecha en interior y encima de una calidad atractiva es posible mimando el cultivo en todas sus fases. Para ello, existen una serie de consejos que son comunes a cualquier producción, como colocar las luces a una altura adecuada y renovar el aire de forma correcta. Sin embargo, si queremos sacar el máximo partido debemos aprovecharnos de las ventajas de los productos orgánicos, tener la máxima luz posible para el espacio con el que contamos o controlar el estado de la tierra para que las raíces capten los máximos nutrientes posibles.

Abonos, luces y acción: consejos para aumentar la producción de cannabis en interior

Interior también es sinónimo de cosechas abundantes y de calidad. Y para lograrlo no hay que esperar mucho; es necesario empezar a planteárselo desde el mismo momento en el que decidimos comenzar a plantar. Esto se debe a que los resultados dependerán de la técnica que usemos, la potencia de las luces y, cómo no, de las semillas de marihuana: ya que cada una de ellas tiene necesidades diferentes y en este cultivo buscamos la máxima producción posible, si vamos a plantar varias macetas, escojamos una única genética para que podamos controlar las mismas variables para cada planta. Entre nuestras favoritas, te recomendamos las genéticas Blue, las White Widow o las Skunk. Si optas por clones, escoge aquellos con un buen sistema de raíces

En cuanto a la técnica, existen distintos métodos adaptadas al cultivo de interior, como pueden ser el SCROG o el SOG (Sea of Green). La principal característica de esta última es que las plantas se preparan para un crecimiento vertical en lugar de horizontal, sin ramas en la parte baja a las que la luz tendría dificultades para llegar. Para ello debemos comenzar en macetas pequeñas, de menos de 1 litro: la planta se dará cuenta de que tiene poco espacio y decidirá espigarse, y si nosotros observamos que hay brotes en las partes bajas, debemos cortarlos, ya que la luz no llegará allí como para producir cannabis de calidad. Una vez que veamos que todo va por el buen camino, debemos trasplantar a un recipiente mayor. Cualquier sustrato (tierra, coco, lana de roca…) es bueno para maximizar la producción.

A la hora de preparar el espacio hay que tener en cuenta los factores de aire y temperatura. Debes contar con un buen sistema de renovación del aire, que es lo que permite que los grados (en torno a los 20 y 28 °C) se mantengan estables. El objetivo es que las plantas no se estresen (lo que afectaría a la producción) ni sufran alguna enfermedad que las haga morir. Ten cerca un termómetro con el que regular el ambiente y si ves que no está en este rango de temperatura, comprueba cómo funciona el sistema de extracción. Un ventilador también te servirá para renovar el aire y que no aumente el calor provocado por los focos. Y hablando de focos… 

Delicadas luces

En cuanto a la iluminación, deberemos calcular el espacio que tenemos con el fin de escoger el foco adecuado. Para que te hagas una idea, lo ideal en un espacio de 1,2 o 1,4 metros cuadrados es contar con uno de 600 vatios. Si es mucho más pequeño, de 60 a 80 centímetros cuadrados, bastará con una lámpara de 250. A partir de aquí, solo hay que hacer reglas de tres para calcular. Intenta siempre contar con el máximo espacio posible, aunque eso signifique tener una luz de mayor potencia, ya que es otra de las formas para que la producción se maximice. Si no quieres estar comprando nuevas bombillas cada año, hazte con un balastro electrónico que regule la potencia según el espacio o, además, el ciclo de la planta.

Que la luz llegue a todas las partes del recinto donde cultivamos (y sobre todo a las puntas) en ciclos de 12 horas es esencial para que la producción crezca. Para ello, además de los focos, podemos servirnos del papel mylar o de un reflectante que haga que ningún espacio quede sin cubrir. Por si acaso, y ya que las plantas que estén debajo del foco recibirán más energía, si estamos cultivando varias deberíamos rotarlas.

Pero no solo importa que las luces lleguen a todas las plantas, sino también que se encuentren a la altura idónea. Un truco casero, cuando las plantas están algo crecidas, es situar el foco a la altura que creamos conveniente y luego colocar nuestra mano bajo él, sobre las primeras hojas a las que alcanza; si podemos estar unos segundos o unos minutos así sin que nos quememos, la temperatura es idónea. 

También, los profesionales cuentan con unos aparatos llamados luxómetros que miden la cantidad de luz sobre una superficie; probablemente se los hayas visto a fotógrafos o cineastas. En nuestra tienda ‘online’ puedes hacerte con uno. Para que te hagas una idea un foco de 600 vatios debería estar entre 50 y 60 centímetros y generar una luz de unos 92.000 luxes como máximo (un lux equivale a un lumen por metro cuadrado). En cambio, si el foco es de 400 vatios, con estar a 40 centímetros y generar 62.000 luxes bastará. Si el techo de tu espacio no es muy alto, apuesta por los halogenuros metálicos antes que por las lámparas ‘de sodio’ o HPS, ya que aquellas desprenden menos calor.

La humedad durante el cultivo

Las semillas han germinado y poco a poco se observan las plántulas. La temperatura es correcta, el aire circula convenientemente y la luz no presenta problemas. No nos podemos olvidar de otra variable: la humedad, ya que las necesidades de agua son diferentes en las distintas fases de cultivo. En general, las plantas necesitan más humedad en las primeras etapas de vida y conforme avanza su crecimiento, necesitan cada vez menos. Al igual que el termómetro, es necesario contar con un controlador de humedad, pero también con un humidificador que, además, ayude a limpiar el aire viciado.

A la hora de regar, lo ideal es cada dos o tres días, según lo que tarde la maceta en secarse. Si este riego está combinado con un estimulador de crecimiento de raíces (a continuación hablaremos de ellos), es el tiempo suficiente para que las raíces sigan desarrollándose en busca de alimento. También, si no has hecho aún los trasplantes y la maceta es de las pequeñas, procura regar poco. Comprueba además el pH de la tierra: entre 6 y 7 están los valores idóneos para que los cogollos se desarrollen más.

La importancia de los abonos y los nutrientes

La mejor opción para incrementar la producción son los abonos denominados orgánicos. Los hay de numerosas marcas, pero sobre todo los hay para las diferentes etapas del cultivo. Así, en las primeras etapas debes hacerte con un buen estimulador de raíces; su ventaja es que hacen aumentar los capilares, y con ello que la planta se haga con más alimento para nutrirse y generar mayor masa foliar. También, con estimuladores de crecimiento: al aumentar el tamaño de las plantas, hay más posibilidades de que aumentar la producción de flores. 

Al llegar a la fase de floración también encontraremos diferentes estimuladores, que ayudarán en el mejor momento a incrementar el número y tamaño de los cogollos. Entre estos estimuladores existen hormonas y aminoácidos, ideales para obtener un producto de calidad. También en esta fase, a partir de la segunda semana, los expertos recomiendan añadir calcio y magnesio, y también potenciar el potasio. Un té de compost también es una buena idea para que la planta reciba micronutrientes y con ello se genere una mayor producción.

Escogiendo la variedad idónea y con un buen uso de los abonos y las luces, sin olvidar el resto de consejos, podemos obtener una cosecha de calidad en menos de tres meses, realizando varias plantaciones al año. ¡Anímate a cultivar en interior, es una decisión llena de ventajas!


El post Abonos, luces y acción: consejos para aumentar la producción de cannabis en interior forma parte de nuestros consejos prácticos para el cultivo de marihuana

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